Matías
Hola Mario, como estas.
Admiro tu franqueza,
No la que utilizas para abrir los ojos de los hombres... sino La que usas todos los días para traducir a las mujeres pública y tranquilamente, sin importar cuántas de ellas puedan estar viéndote hacerlo. Parecería contradictorio, que un estratega le contara de frente a su enemigo, (porque vamos... esto es una guerra, en ocasiones divertida, excitante y gratificante, y en otras... una inevitable masacre) lo bien que lo conoce, que le enumerara sus puntos débiles y además de eso, que le explicara detallada y descaradamente la forma en la que ira acabando con cada una de sus defensas, estrategias, armas y finalmente como conquistara su país, renombrara sus ciudades y reorganizara sus compromisos y responsabilidades con su nueva nación.
A lo largo de mi vida, no solo con mi vida sentimental, sino también con mi vida social, con mis compañeros de estudio, con mis compañeros laborales, familiares, maestros, jefes, y en general cualquier tipo o grupo de personas que de alguna manera han puesto a prueba mi personalidad o mi autoridad, siempre (algunas veces consciente, la mayoría inconscientemente...) he buscado imaginar y discernir rápidamente que estaba sucediendo bajo piel. Pero jamás hablaba de ello, con nadie... tenía claro, que revelar mi entendimiento de algunas cosas, era una obvia ventaja que pocas personas podrían manipular con la misma responsabilidad. Además, sentía que si la chica que me gusta se daba cuenta de ello, automáticamente huiría mientras pudiera hacerlo, por miedo a ser manipulada.
Aun sigo creyéndolo, a pesar de estar muy seguro de que tu habilidad y encanto con las chicas, siguen igual o tal vez más sólidos que nunca.
Cuando empecé a leer tus libros y ver tus vídeos, empecé a concientizar todo lo que hacía instintivamente. Siempre tuve claro que cuando no me sentía bien de ánimo, o alguna preocupación personal ocupaba gran parte de mi proceso mental normal, no era momento para intentar empatizar con alguien, sobre todo si ese alguien era una chica que me gustaba, porque si cometía un error, mas si era al inicio de la relación, sería el ultimo...
No todo ha sido claro siempre,
Desde niño, fui algo diferente a los demás chicos. Meditaba mucho sobre las cosas, las personas y sus actitudes. Era algo más analítico de lo normal. Con el tiempo, mis conclusiones de todo lo que meditaba, se convirtieron poco a poco en perfeccionismo. Llegó la adolescencia y mi estilo de vida se hacía más difícil de mantener por el bombardeo hormonal el cual me empujaba en ocasiones a desear disfrutar la vida como mis amigos, pero mis "ideologías" eran más fuertes.
Llego la vida adulta y finalmente el bombardeo termino. Empecé a recordar la pacifica independencia emocional. El perfeccionismo tuvo vía libre para seguir creciendo. Pasaron un par de años y ya había terminando de crecer lo suficiente. Estaba listo para salir de su jaula. La cual yo mismo había dejado abierta con mayor frecuencia durante los últimos años para permitirle respirar plácidamente en la infinita atmósfera de mi soledad. Estaba listo para tomar control de mi mundo y reclamarlo como suyo.
Si; a pesar de que entendía cómo funcionaban las cosas allá fuera, mi mundo intrafamiliar era un enorme enigma. El cual, me había empezado a carcomer desde la adolescencia.
En 6to grado, con unos 12 años, y durante las primeras 2-3 semanas de clase en mi nuevo colegio, tenía que correr del salón al sonar el timbre, porque al parecen las niñas de mi salón y del de mi hermana querían asesinarme a besos.
Daba todo eso, por tener la mitad de los padres que ellas y sus hermanos tenían.
Manejé bien el tema con los chicos, desde el principio logre ganármelos antes de que se decidieran a esperarme un día después de clases y pasarme su celosa factura.
Al llegar a los 22, me había alejado del mundo lo suficiente como para olvidar lo que era tener amigos. El perfeccionismo no me permitía disfrutar de las cosas pequeñas y simples, que muchas veces son las que justifican la vida. Mis relaciones familiares habían minado lo poco que me quedaba de empatía con y por el mundo.
Pasaron un par de años y mi sombra estaba lista para reemplazarme. Y lo hizo. Después, cualquier día celebramos con mi segunda crisis emocional. La primera fue a los 12. En amabas añore conocer el significado del último aliento.
Como en la primera, esta vez nadie lo notó. Logre encerrarme mentalmente. Llevaba 4 años haciéndolo. Había empezado un par de meses después de haber llegado a Colombia, al finalmente entender que la inexistente relación con mi padre seguiría siendo eso, por el resto de la vida.
Supere mi segunda crisis y pensé ilusamente, como lo hice con la primera, que jamás volvería a suceder.
Pasaron un par de años, empezada el 2011 y tenía muchos micro proyectos en mente, como usualmente todos lo hacemos por esa época. Pero sabía desde hace algunos meses que algo no estaba bien. Quería no aceptarlo. Quería creer solo en mis metas para el nuevo año. Pero en el fondo, a veces sabia que tarde o temprano las cosas se saldrían de las manos.
Unos 10 meses después me diagnosticaron TOC y me internaron 20 días en una clínica psiquiátrica. Un mes después, me internaron otros 10 días los cuales habrían sido muchos más sino pido la salida voluntaria a tiempo.
Han pasado dos años. Tuve un breve romance con una amiga de la oficina mientras me visitaba en la clínica y con una de las enfermeras. Al mismo tiempo. He salido con otras mujeres durante este tiempo y ha sido agradable, pero a veces siento que he vivido 60 años…
Te sigo hace unos pocos meses pero han sido suficientes para recordar viejos buenos momentos.
Tu legado será enorme y te sobrepasara durante generaciones.
Un abrazo y sigue demostrándole al mundo cuanto disfrutas lo que haces por él.
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